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Just tell me why (Priv.)

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Just tell me why (Priv.)

Mensaje  Invitado el Mar Jul 30, 2013 3:13 pm

Pasando la Via della Conciliazione, se encontraba el gran redondel que muchos afirmaban y tenía un simbolismo religioso, y técnicamente, lo era. No había pasado mucho tiempo desde que Erica había pisado tierra "santa" y pasó años encerrada sin ver la luz exterior, más que la meramente artificial. Entrenando a sol y sombra, sudando lágrimas, porque estas nunca caían de sus ojos, porque no podía mostrar debilidad, no Erica. Obligada a madurar antes de tiempo ella ahora se había convertido en un miembro más al servicio del vaticano y a favor de la exterminación de monstruos, especialmente de demonios. Con su delgado cuerpo embutido en un short corto, una blusa holgada y unos tenis coloridos caminaba entre el trote vespertino. Cuando se sentía atribulada solía caminar por la plaza, darle vueltas bajo el encapotado nublado mientras recibía al fiel crepúsculo, mismo que le advertía las atrocidades que se avecinarían sobre ella de ser una ignorante y descuidada. El reloj marcaba las cinco de la tarde y con una hora más sería suficiente para regresar a su departamento y arreglar las cosas para la caza de esa noche. La rubia había abandonado el instituto y no se arrepentía de ello, aún cuando era una de las pocas menores que se habían convertido en cazadores, que vivían su día a día como si fuese el último. En su mente solo existía una palabra que le alentaba entre tanta porquería. Venganza.

- Me daría mucha pena si fueses algo más que na gargola - Musitó, parada en una de las estatuas que se erguían en la plaza, cerca de aquellos grandes pilares de sostén. A las alturas de su vida, ella no podía ser incrédula, los cuentos que muchos creían mentira se hacían realidad de una manera trágica y atroz. Si alguien le dijera que el coco existía, ella no dudaría en buscarlo y exterminarlo. Sonrió vagamente mirando los trazos de la escultura y no fue hasta que escuchó unos tacos tan familiares en que se giró con una suave sonrisa en su rostro.

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Re: Just tell me why (Priv.)

Mensaje  Cosette Pelletier el Vie Ago 02, 2013 2:58 pm

El trabajo me consumía de tal manera que muchas veces no disponía del tiempo necesario como para ocuparme de otras cosas. A estas instancias del partido ni siquiera podía pensar en tener una vida privada. No, cuando existían situaciones de emergencia que me hacían levantarme en medio de la noche, intentando parecer una persona normal y prácticamente lanzarme al auto que el vaticano me facilitó para atender cosas estrictamente burocráticas que se necesitara de mi. Y por esa misma razón solía a penas dedicar los fines de semana a poner habitable el departamento para el lunes, volver a la carga. Bueno, sin contar los días, tardes y noches de compras. En ese aspecto no necesitaba ningún hombre que me acompañara. Es más, hasta mis hermanos sabían que en eso no eran más que una molestia –quizás exceptuando cuando necesitaba con urgencia que alguien acarreara mis bolsas. Demasiadas bolsas. En tal caso, un hombre era más que necesario–.
 
Fue un poco sorprendente que saliera temprano. Quizás porque no hubiesen incidentes en la semana –al menos no como la bomba que hubo en Madrid y que hizo que Cipriano estuviese de un humor terrible–, también podía deberse a que me esforcé en terminar el trabajo antes. Últimamente a penas y tenía tiempo para llegar a casa y menos para tomar un refrigerio, pero hoy no. Y por esa misma razón que cuando a penas y el reloj dio alrededor e las cinco que guardé mis cosas, tomé el bolso y salí de mi despacho, dando ordenes precisas a las otras secretarias de hacerse cargo si algo llegaba a ocurrir. No podían depender de mi todo el tiempo, por dios, ya bastante trabajo tenía con revisar esos horrendos informes de cazadores quienes no tenían ningún cargo de conciencia con escribir cualquier cosa con una letra francamente ilegible.
 
Ataviada con mi bolso de trabajo y unos tacones que apenas llevaban tres usos, me dispuse abandonar el edificio y recorrer la plaza –llena de turistas, como solía ser– buscando la salida. Alcé una ceja cuando, mientras esquivaba turistas y le guiñaba un ojo al encargado, en forma de despedida me topé con una persona que si conocía. Me apresuré, formando una pequeña sonrisa en los labios que al final se transformó en una mueca de preocupación –Querida, pensé que deberías estar estudiando –murmuré tranquila, levantando suavemente el brazo izquierdo, donde tenía el reloj. Si, claramente eran alrededor de las cinco. –Ha pasado un tiempo que no te veía ¿Has tenido mucho trabajo? ¿has comido bien?– Aún no entendía como Cipriano podía estar tan tranquilo –y muchas veces ignorar algunas cosas para mi necesarias– y permitir que los niños pudiesen elegir que debían hacer con sus vidas. Para mi estudiar fue primordial y Erika era una pequeña. No importaba que tan enfocada pudiese estar en su trabajo de cazador.
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