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the blood of your hands means victory — Edward

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the blood of your hands means victory — Edward

Mensaje  Invitado el Dom Jun 16, 2013 2:37 pm

Sus ojos brillaban, y la sonrisa lucía frenética en sus labios. Estaba extasiada, y no era capaz de pensar en otra cosa. Penelope era así, se concentraba en lo que hacía hasta sumergirse de lleno y por completo, siendo absolutamente incapaz de pensar en otra cosa.  Ponía todo su empeño en evitar que el licántropo se escapase de sus manos, que lo apresaban férreamente en torno a su cuello. Penny era una mujer menuda, pero bastante tenaz, y poseía una fuerza curiosa que ahora ejercía contra su presa. El hombre lobo se debilitaba por momentos, mientras ella podía ver cómo la vida se apagaba en sus pupilas, o como llenaba aquel sucio callejón londinense con su monstruosa sangre, que casi quemaba. Las varias heridas de bala debían envenenar su sangre con más rapidez, por lo que no esperaba tener que soportar aquella situación mucho más tiempo; no le agradaba el aliento de aquel muchacho directamente contra su rostro, mientras intentaba forcejear en vano para liberarse. Ella no iba a soltarlo, no hasta que aquel cuerpo se desplomase sin vida a sus pies. 




La sonrisa afilada era la única respuesta a los improperios y amenazas de su víctima. Patético y desesperado, ¿Por qué no se resignaban a morir con dignidad y elegancia? Al menos, aquel ser no había suplicado clemencia como muchos de sus predecesores. La muerta estaba cerca, demasiado. Ya casi podían olearla mezclada con la basura y la sangre en aquel recóndito rincón de la capital inglesa. — Podrías intentar redimirte por todos tus pecados, monstruo. Sería un uso digno para tu último aliento. — Murmuró, alzando la voz por sobre los gruñidos del otro. Llevaba tiempo vigilando a ese tipo: dónde se movía, con quién lo hacía y cómo lo hacía. Cazarlo había sido una tarea dura, sobre todo porque casi nunca estaba solo. Pero aquella noche, cuando lo había visto con la compañía de un solo tío más, habían visto la oportunidad perfecta. Los disparos fueron rápidos y precisos, en las pechas y en el pecho. Ambos cazadores eran buenos francotiradores, y la sorpresa había actuado de su lado. Penelope había podido capturar a su presa antes de que pudiera escapársele, pero Edward lo había tenido un poco más difícil; el licántropo había huído, probablemente en busca de una mano amiga capaz de sacarle las balas, y Rumsfeld tuvo que ir tras él.




Los pasos que Penelope oyó a sus espaldas resultaron ser del mismo muchacho. Ella no giró la cabeza, aunque supo que su vuelta solo podía tener dos interpretaciones; o lo había matado, o había conseguido huír. — No vas a decepcionarme, ¿verdad, Edward? — Preguntó, con la voz fría y entera a pesar del esfuerzo físico que estaba realizando. 
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Re: the blood of your hands means victory — Edward

Mensaje  Edward Rumsfeld el Lun Jun 17, 2013 1:07 am

Inglaterra está a un barco de Rusia, siempre que iba a ese lugar se lo repetía. Y pensó, que con un poco de tiempo libre hasta podría pasarse al castillo de la familia a fastidiar a sus hermanos, si libraba antes. Por lo que veía, no iba a ser tan simple, pero siempre podía mandar un texto y serían felices, suponía. De un perrito o algo parecido.
 
Estaba corriendo, maldecía entre paso y paso mientras tronaba los dedos tanto como para que le dolieran las manos e intentaba no prender todo el bosque. Seguramente se veía bastante patético corriendo con la mano levantada pero ya que, de otra forma no podía. No había sacado el arma porque, a ciencia cierta resultaba un poco inútil a estas alturas del partido, sobre todo porque era todo ruido-ninguna efectividad y el tiempo que tardaba en cargarla, era el tiempo equivalente en el que Edward simplemente podía tronar sus dedos y provocar una explosión.
 
El amiguito herido era bueno huyendo, a pesar de no ser un nacido y no poder convertirse en un licántropo dada la falta de luna llena. Pero fueron dos explosiones por sobre su marcha, a dos árboles que cayeron como saco de papas para parar su marcha y para, que el hombre decidiera voltearse hacia él nuevamente. Iba a morir peleando. Edward sonrió, moviéndose hacia uno de los árboles y escondiéndose, sacando el arma. Les habían interceptado justo cuando el tipo llevaba menos escoltas encima y a decir verdad, resultaba mucho más sencillo. Quería volver a su casa en una sola pieza, gracias. El tipo se abalanzó y desgarró el árbol más cercano con las manos, en lo que Rumsfeld disparó hacia el brazo, sin dudarlo. No se imaginó que hubiesen gastado tanto tiempo solo en buscarlo, era una real pérdida de tiempo y estaba seguro, que Amanda debería estar más que aburrida de cuidarle el departamento.
 
¿Sabes la cantidad de tiempo que estuvimos buscándolo? Deberían hacerlo más simple y dejarlo morir y ya. Te habrías ahorrado morir con él –murmuró, a penas y alcanzando a saltar hacia la derecha, en lo que el tipo se abalanzó hacia él con la otra mano en alza, lista para arrancarle cualquier cosa. Era cosa de mirarlo para saber que era una digna escolta. El típico tío grandote de pub que tira malas vibras con solo mirarlo. Volvió a disparar, maldiciendo cuando no pudo darle y recibiendo una tacleada que hizo, que se estrellara contra un árbol. Y aú, que su pobre espalda iba a estar para la mierda después de eso.
 
Alzó la otra mano, tirando una chispa que dio en su cara y que le hizo gritar, probablemente con una quemadura de segundo grado que le deformaría el rostro. Y otra, que dio directamente en sus piernas y lo hizo caer. Rumsfeld se levantó, alzando una ceja en lo que un par de aullidos se escuchaban en sus espaldas y su presa en cuestión sonreía de lado. Era cosa de mirarlo para saber, que moriría con dignidad. Bien. Fueron dos segundos en lo que alzó su arma, recibió una mirada de profundo odio y que una bala de plata impactara en el corazón del licántropo. Una muerte segura. No le tomó otro par en pensar que probablemente Penelope estaría tan enfocada en el tío ese como para no notar que vendrían refuerzos y le hizo retornar sus pasos y correr hacia el lugar donde la cazadora podía encontrarse. Si mataban a la jefa, Cipriano lo colgaba. Y no, no tenía ni ánimos ni ganas de eso.
 
Cuando llegó, Penelope tenía al pobre idiota contra el piso, muriendo de asfixia. Si tuviese una postura, no sé, más Vicente, probablemente le hubiese importado. Al tipo le gustaba más la muerte rápida. Pero lo único que hizo fue mirar con indiferencia la escena y alzar una ceja al escucharle –No tengo razones para hacerlo –respondió, quizás con un tono de voz un poco más burlesco. El tipo estaba muerto, punto. –Vienen refuerzos. Tu amiguito se veía bastante conforme con el asunto, aunque no pudo darme su punto de vista al respecto –murmuró hacia el hombre sin importar si le escuchaba o no. Seguía sin importarle su suerte. Que quería volver a su casa, con un demonio –Jefa, deberías terminar con el asunto para salir de aquí, a menos que planees enviarnos a los dos a la enfermería por el resto del mes –recomendó. Enfrentarlos, siendo dos personas no fue su idea favorita del día pero si la mujer lo decidía así, tendría que hacerlo. Demonios. Se echó las manos en los bolsillos después de comprobar la cantidad de balas que disponía para atacar. Pero cuando escuchó un aullido cerca de ellos, supo que las posibilidades de escapar disminuían, por el momento. Maldita la hora que prendió fuego a la cortina de su casa.
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Re: the blood of your hands means victory — Edward

Mensaje  Invitado el Jue Jun 27, 2013 9:43 am


OFF: DISCULPA LA TARDANZA, HE ESTADO CON LOS ÚLTIMOS EXÁMENES.


La voz de Edward a sus espaldas confirmó que no se equivocaba, aunque Penelope pocas veces lo hacía. Elevó la comisura de sus labios formando una sonrisa un tanto impersonal, pero ni con esas giró la cabeza para mirar a su compañero. La tranquilidad de la voz del muchacho constataba que aquel trabajo había sido limpio y sin problemas, y ella casi podía imaginárselo con las manos dentro de los bolsillos, mirándola como quien mira la lluvia a través de una ventana. Realmente le gustaba trabajar con Rumsfeld, porque era eficaz, rápido y obediente. Pero no sumiso, si no que poseía una iniciativa propia bastante interesante. A Penny le daba exactamente igual cómo trabajasen sus muchachos, siempre y cuando cumpliesen lo encomendado sin ponerse en peligro a ellos o a la organización. No aceptaba el desacato, sin embargo, aunque jamás había tenido ese tipo de problemas con ninguno de ellos. Tuvo que fruncir el ceño cuando oyó lo que Chris le dijo a su presa, y ejerció más fuerza sobre el cuello del lobo. Se giró levemente, lo suficiente como para poder mirar al chico por encima de su hombro. — Justo por eso, mis manos están sobre su cuello, y no dentro de mis bolsillos. — Explicó. No, no era una crítica, pero era el tipo de detalle que alguien como ella no podía dejar escapar. Su pulcritud y perfeccionismo eran implacables, y de ahí que estuviese pendiente incluso a lo más mínimo. Si sujetabas al lobo del cuello, difícilmente podría emitir algún sonido que alarmase a su manada. Aquella lección era algo que Chris debía aprender; que si su víctima corría, debía apresarla lo antes posible para tenerla bajo control. Las chispas de sus manos no lo eran todo.

Alzó una ceja cuando escuchó lo siguiente. Ahora estaba mirando al lobo, porque no quería perderse ni un segundo más de su agonía. — Llegarán en 7 minutos, tendrán un problema por el camino. — Aseguró completamente convencida. Por supuesto, acababa de verlo en su cabeza. Por eso el aullido no le preocupó lo más mínimo, a pesar de que se oía bastante cercano. 7 minutos era suficiente para hacer lo que tenían que hacer, y salir de allí a tiempo. Hurgó con una de sus manos dentro del bolsillo de su cazadora, sacando una pistola bastante pequeña. Colocó un dedo en el gatillo mientras quitaba el seguro con destreza. El hombre intentaba forcejear, pero la plata en su organismo tenía el efecto deseado y la fuerza se escapaba con la sangre de su cuerpo. — ¿Unas últimas palabras, bestia? — Preguntó, relamiéndose los labios como si cubiertos de miel los tuviese. Disminuyó la fuerza sobre la garganta del tipo, lo suficiente como para que él pudiese murmurar un "puta" bastante claro. La carcajada frenética se escapó de entre los labios de Penelope, que apoyó el cañón sobre la sien del hombre. — Que Dios te perdone. — Susurró, casi con mofa, sin borrar aún la sonrisa de sus labios. El chasquido de la bala al salir del arma retumbó en el callejón, casi tanto como las salpicaduras de sangre al escapar de la destrozada cabeza del recientemente asesinado. El cuerpo calló inmóvil a sus pies, y Penelope dio un paso atrás mientras lo observaba con el triunfo en los ojos. Se limpió con un dedo una pequeña gota de sangre de su mejilla, y usó esa misma mano para signarse en nombre del Altísimo.

Miró después a Edward, que se encontraba a un par de metros de ella. — Son seis. Llegarán en cuatro minutos. Se librarán por hoy, pero tendremos que ir planeando un nuevo viaje para conocerlos. — Guardó la pistola en el bolsillo interior de la chupa, y se apartó el pelo suelto de la cara. — No podemos negarles el placer de conocernos. — Se encogió de hombros, mientras dejaba caer una mano sobre el de su compañero, como felicitándole por el trabajo. — ¿Sabes qué estaría genial ahora? Una copa de vino tinto. — Entrelazó uno de sus brazos con el del joven, y tiró de él hasta salir del callejón, echando a andar por una calle un poco más ancha, no muy llena de transeúntes. — ¿Qué tal ha ido, Chris? ¿Lo has pasado bien? — Quiso saber, clavando los ojos claros en el horizonte de la calle.
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Re: the blood of your hands means victory — Edward

Mensaje  Edward Rumsfeld el Jue Jul 18, 2013 3:02 pm

no hay problema xD debería decir lo mismo entonces.

Con solo escucharle, Rumsfeld hizo un par de carcajadas. Tan buen sentido del humor que Penny tenía –Como sea– admitió, con un obvio desinterés. Para él, eran cosas que debían estar muertas, de la forma que sea, de la manera que fuere para no tener más problemas con lo que debía lidiar. La realidad era, que a estas instancias del partido piedad era algo que le faltaba a pesar de todo con lo que había vivido. A veces no era fácil, y podia ser emocionalmente doloroso, sin embargo el solo pensar que uno de sus hermanos pudiese pasar por la misma situación o encontrarse cazando a una de esas cosas, hacía que se le pusiera la carne de gallina. Y hacía que Chris apretara el gatillo sin pensar en los como ni en los porqué. Aunque debía admitir que le divertía mucho más el asesinarlos cuando le daban problemas. Le gustaba usar el fuego.
 
Estarán llorando a su amigo perdido o algo –respondió entonces. No era de extender la muerte de otros más de lo necesario, pero existía gente que si lo hacía, como Penny. Cuando la persecución terminaba y la presa dejaba de poner fuerza en ello, optaba por lo simple a menos que tuviese que sacar información. Pero ahí recurría a telepatas, no era de torturar a otros si no le daban motivos. La presa de Penny seguía oponiendo resistencia, tanto que sintió lastima de él. ¿Para que, si su suerte estaba echada? No dudaba que la mujer hubiese terminado con él mucho antes si el hombre hubiese cedido, como la mayoría hacía una vez que le daban alcance –Tío, vas a morir de todas maneras. No lo vale –advirtió, bufando cuando soltó aquella frase. Pff, Lobos tercos. Ladeó la mirada hacia el bosque cercano, decidiendo que era mucho más divertido el observar si les atacaban o no a algo que había visto desde que tenía nueve, más o menos. El sonido del disparo retumbó en el callejón y Chris apostó a que ellos también lo habían escuchado. Debían moverse cuanto antes o les darían alcance.
 
Vale –respondió. Y se preguntó si sus decisiones serían lo bastante buenas para acercarse a ese futuro, lo que más o menos esperaba. Realmente no le apetecía pasarse por la enfermería esta semana. Rumsfeld se encogió de hombros. Si podía salir del lugar y mientras no lo enviaran a cazar a esos, podía olvidarse de sus existencias. Pasaba casi todo el tiempo, en realidad. Pero como habían sido asignados a esta misión, por lo general debían eliminar a toda amenaza que rodeara al objetivo para evitarse futuras revoluciones innecesarias. –asumo que antes de que se junten con otros –respondió, asumiendo que quizás alcanzaría a estar en Rusia o en roma solo un par de días. Las cosas solían ser así cuando trabajabas. Sonrió un poco al escucharle, encogiéndose de hombros. Nunca le hacía el asco al alcohol. Nunca. –Me inclino por el whisky, si me dejas elegir. Sería un desperdicio visitar Inglaterra y no tomar un poco de whisky irlandés –le guiñó un ojo, dejándose arrastrar fuera del callejón. Inglaterra, la supuesta tierra de su familia. Una de la que no tenía ni idea, más que del apellido que le habían dado. Debían existir otros, pero estaban lejos de su interés. Las calles se encontraban un tanto vacías, lo que no era sorprendente. No era fin de semana y los ingleses solían respetar sus horarios de trabajo y de sueño. –Me di contra un árbol, pero todo bien. Es trabajo, se supone que no debo pasarlo bien –respondió, pero haciendo una carcajada. Lo más divertido era cuando se hacían de incognito en un lugar, sin duda. –Fue divertido seguirle. Los lobos son ágiles. Un blanco digno de un videojuego –se encogió de hombros –pero sueles divertirte más que yo con esto ¿no? Te veías bastante entretenida con el tipo–Preguntó, buscando con la mirada un bar donde pudieran refugiarse. Pero uno con pinta de que tuviesen el whisky que él andaba buscando. Si no lo valía –¿Nunca pensaste en lo que harías si no fueses cazadora? Pareces demasiado acorde con este trabajo
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Re: the blood of your hands means victory — Edward

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